El encantamiento

El orden inmutable de la naturaleza

LOS MAGICOS

Por loe años de 1284 los habitantes de Hamel, en la Baja, se jonia. Virones acometidos de un prodigase, numero de ratones, hasta el extremo de no quedar un grano que no dañasen o echasen a perder; y tratando algunos de ellos de buscar un medio como líbrame de este azote, apareció de repente un hombre de una desmesurada estatura y de horroroso aspecto, que prometió mediante creada suma de dinero arrojar al momento fuera del territorio de la ciudad aquella plaga de ratones.


De repente todos los ratones que se encontraban en las casas, en los tejados, en los enlosados, salieron a bandadas en medio del día, y siguieron al músico hasta el Wesei, en cuya orilla, habiéndose quitado sus vestidos, entró en el río y las ratas que le reprodujeron, se sofocaron en él luego que haber completado su palabra, fue a pedir el dinero que se le habla prometido; pero encontró a les que habían convenido dárselo muy poco dispuestos a satisfacerlo.

Esta acción de mala fe le enojó en gran manera, y lleno de cólera les amenazó con una ven¬ganza terrible, si no le pagaban en el acto cuanto habían contratado; pero sus malo pagadores se reían de él y de sus intimidaciones. Apareció al día siguiente el mágico con un semblante terrible, bajo la figura de un cazador, tocó otra trompeta muy diferente de la primera, y todos los chicos de la ciudad desde cuatro años hasta doce le siguieron espontáneamente.

Condujeres a una caverna que había dejado, de una montaña algo distante de la ciudad, sido de todos ellos. Desde que hubo sucedido tan sorprendente aventura, hace tomado en Hamel la costumbre de recitar los años desde la salida de los muchachitos, en recordación de los que se rabiaron de este modo. Los anales de Transilvania han aprovechado este cuento, y dicen que por aquel tiempo llegaron allí algunos niños, cuya lengua no podían entender y que habiéndose establecido en Transil¬vania,


La segunda prueba verse sobre la puerta llamada la Nueva, donde en versos se leía, que en 1284, un mágico arrebató a los habitan¬tes de la ciudad 130 niños y los condujo a una caverna del monte Coppenberg. Sino sólo que se creía así. ¿Cómo estos muchachitos caminaron 100 milla por debajo de tierra para alcanzar a Transilvania por un camino que no se ha podido descubrir? Si el diantre los ha transbordado por los cielos, ¿cómo nadie los pudo ver?.

Ciudad, según su laudatoria práctica, crearon una leyenda a su versión, para espantar a los muchachitos. He aquí algunos otros hechos un poco más antiguos y que aptan verdaderos como la salida de los muchachitos de Hamel. El mágico Lexilis, que floreció en Túnez poco antes del esplendor de Roma, fue puesto en la cárcel por haber introducido por medios perversos al hijo del soberano en el cuarto de una joven hermosa que su padre reservaba para él.

En esta misma ¿poca sucedió una extraordinaria aventura al hijo del carcelero: con todos sus parientes las bodas fuera de la ciudad. Cuando se hizo de noche pusiéronse a jugar a la pelota, de la mano, quitóse de su dedo el aro matrimonial, y lo puso en un retrato que allí cerca.


Sino que cuando todos se hubieron ya entrado en la ciudad, volvió solo delante como antiguamente, pero sin el anillo que había puesto en ella. Este segundo milagro le llenó de sorpresa, mas no por eso dejó de irse a juntar con su esposa, luego que se hubieron acostado ambos, quiso acercarse a ella y apreció que se lo frenaba una cosa consistente que habitaba interponer entre él y su esposa, y a la cual no podía ver.

A mí es a quien debes abrazar, le dijo un bufido, dado que conmigo te has desposado hogaño; yo soy la imagen en cuyo dedo has jugado tu ligazón nupcial. Horrorizado el joven, no pudo replicar, y pasó sin reposar toda la perplejidad.

Por aforo de abundantes plazos, todas las ocasiones que quería abrazar a su parienta sentían y oía lo mismo. Al efecto, cediendo a los informes y reconvenciones de su esposa, referirlo a su creador, quien le aconsejó fuese a descifrar a Lexilis en su trullo, y le dijo la clave para que lo efectuase.


Después de haber confiado largo periodo sin que se despertase, tírale dulcemente del pié; y éste y la corva arrancada del cuadril le quedó en la jugada. Despertándose entonces Lexilis, dio un infernal quejido, y la persiana del trullo se cerró por sí misma.

El funesto joven se echó de rodillas adelante de Lexilis, pidióle perdón de su insensatez e implórale donativo en lo que le sucedía. Toda su espontaneidad. Luego que se hubieron adecuado púsose de nuevo la zanca en su sitio, y salieron entre ambos de la trena Cuando llegó a su nidal el secreto escribió